Si hay unos artistas que me encantan son los payasos, sin apenas pronunciar una sola palabra, casi cualquiera de ellos es capaz de hacer reir a niños y mayores de cualquier lugar del mundo, dominan un montón de fácetas escénicas, hacen malabares, equilibrios, cualquier cosa con tal de sorprendernos. Y cuando algo falla, ahí están ellos.
Recuerdo una vez, siendo niña, que de las muchas veces que me llevaron al circo, en una de ellas, hubo un accidente con un malabarista que desde cierta altura se cayó sobre un payasito, la cosa pareció grave, pero enseguida entró en la pista toda la troupe de payasos de aquel circo y entre bromas sacaron a los dos de la pista, siguieron haciendo bromas y reír al público, de forma que todos llegamos a pensar que el “accidente” había sido una broma más.
Cuando salimos pregunté preocupada a mi padre si le había pasado algo malo al payasito, mi padre me dijo que no, que era todo una broma de ellos. Pregunté, sabiendo la respuesta, si un payaso se podía morir, y mi padre me dijo que no, que los payasos no se morían porque eran buenos.
Años después supe que aquel payasito del accidente había fallecido (el malabarista por suerte no), al día siguiente salió en los periódicos de la ciudad, que yo, por mi corta edad, evidentemente no leía.
Que duro ¿verdad? saber que tu compañero, quizás incluso familiar y casi seguro que amigo está muerto tras las bambalinas y ellos allí, al pie del cañón, haciendonos reír a todos y haciendonos creer que todo era parte del espectáculo.
Lamentablemente los payasos también se mueren, solo que sus entierros, a veces son, además de un homenaje al compañero fallecido, otra parte más del espectáculo. No está mal eso de reirse de la muerte en sus narices pero hace falta mucho cuajo para que no se te corra el maquillaje con las lagrimas ¿como se llora hacia adentro?
Los amigos y compañeros del difunto:

El velatorio:

Los pésames

Los honores:

El coche fúnebre, con su escolta policial y todo, que no falte un detalle:

El clásico propietario de la empresa de pompas fúnebres:

El funeral:

Sus compañeros llevándolo al cementerio:

En el cementerio con el pastor:

El último adiós a un amigo:

Quizás os esteis preguntando quien es el payaso que falleció y que recibe estos honores de sus compañeros. Pues se trata del payaso Norman Thompson, más conocido como “Boppo”, quizás os pregunteis también que podía tener Boppo de especial con respecto a otros payasos. Pues Boppo pertenecía a la Antioch Shrine Funster Clown Unit, y si todos los payasos hacen algo tan especial como es lograr que los niños (y adultos) rian, estos aún tienen mayor mérito, se dedican a divertir a los niños que sufrieron accidentes graves. Boppo llevaba quince años en dicha organización y falleció el pasado 25 de Mayo a los 79 años. Era este señor:

Que pena que ya no puedan engañarme como cuando era niña, pero bueno, llorar, de vez en cuando, no hace daño, es también una emoción y las emociones son pura vida ¿o no?


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Me encantaba la página, ahora sabiendo que podeis ser serios y contar cosas como esta con tanta sensibilidad me gusta aún mucho más. Me habeis hecho llorar, pero gracias.
Comentario Por SuperNena — 1 julio 2009 @ 0:59
Yo también lloré Supernena, no es malo sentir emociones ¿verdad?
Gracias por tus palabras.
Comentario Por LoreFisterra — 6 julio 2009 @ 3:39