Si es que no hacemos caso al Papa y su alegre curia, y después pasa lo que pasa, terminamos en el infierno.
Y encima sufriendo lo indecible con todas esas cosas que nos atacarán, en nuestras partes más sensibles, claro, torturándonos constantemente.
Tortura que hace que nuestra líbido ande por las nubes constantemente, y así, la verdad, no hay quien salga del infierno y termine gozando de la gloria celestial.
Ayuda a esta pobrecita condenada a esquivar a los mil y un entes extraños que la torturan de semejante manera, a ver si entre todos conseguimos su salvación (bueno, también podemos hacer que peque más).

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